2º Viaje a Córcega. Septiembre 2005. Fuimos un grupo de seis personas ( tres parejas ) lo que ya condicionaba el alojamiento. Finalmente alquilamos un piso de tres habitaciones en Ajaccio con vistas sobre la bahía por poco más de 400 €, precio total, por ocho días y siete noches (eso sí, te piden una fianza similar). Las villas a buen precio disponían de sólo dos habitaciones y no localizamos ninguna que se adaptara a nuestras necesidades.
Viajamos desde Madrid hasta Barcelona en coche que se quedaría aparcado en la ciudad condal.Vuelo charter fletado por politours ( gestionado desde edreams ) por un precio de 280 € ida y vuelta por persona . El precio incluye el alquiler de un coche para los siete días. En nuestro caso, por un mínimo suplemento, el coche fue un monovolumen ( también está disponible la opción de un minibus para grupos más numerosos).
Todo perfecto. La primera impresión de Córcega sobre el aire impresiona y adelanta las maravillas que esconde entre sus azules litorales y espectaculares cumbres. Isla verde bien llamada de la belleza. La llegada a Ajaccio según lo previsto y la recepción del coche bien organizada... y primer encuentro con Ajaccio la nuit. Ciudad imperial, vigorosa de día y de noche en un entorno de maravillas naturales. Primera sorpresa, los precios muy similares a España , particularmente en la hostelería donde el menú del día medio está en unos 10 a 12 euros. y con excelente presentación y calidad.
La gastronomía corsa es peculiar y combina los productos de mar y de montaña. Amplia gama de pescados y mariscos ( particularmente los bols de moules - mejillones ) y no menor gama de embutidos incluido un peculiar jamón de sus cerdos negros y montañeses. Siempre acompañado por un bol de tallarines y preparadas ensaladas. Como cerveza la Pietra (cerveza de castaña ) es casi una copa por grados pero con un sabor excelente. Y entre la amplia variedad de vinos destacar la denominación de 'Patrimonio' que va a sorprender a los degustadores del fruto de la vid.
Siete días dieron para menos de lo pensado y Córcega requiere más de una visita, pero hicimos un somero recorrido por sus 180 kilómentros de alto y 80 de ancho ( por donde se podía ). Una inmensa cordillera recorre la isla de noreste al suroeste como barrera natural con más de cien picos superiores a los 2000 metros de altura. Por ahí discurre la GR20, famosa ruta senderista. Al pie de las montañas, su litoral oriental es una vasta playa de arenas blancas ideal para el baño, el surfismo y otras actividades acuáticas. La costa occidental ofrece un paisaje abrupto similar a nuestra Costa Brava con algunas maravillas naturales (Las Calanques) protegidas por la UNESCO.
No esperen encontrar en Córcega grandes aglomeraciones ni edificios disonantes ni en playas , ni en sus pequeñas ciudades ni en sus miriadas de pequeños pueblos entre las montañas y en los litorales. Los bomberos voluntarios velan por sus bosques y castañales. Córcega ha hecho del respeto al medio ambiente un emblema y una identidad.
Durante siete días pudimos disfrutar del mar, de la montaña, de la gastronomía y de algunas de esas ciudades y pueblos. Desde Ajaccio a Corte ( en el macizo montañoso central ) capital espiritual de Córcega y sede de su Universidad. Y desde Corte a Bastia, en el norte oriental, ciudad portuaria con pequeños restaurantes volcados hacia su bahía. Un trencito, llamado trenelu, hace ese recorrido entre montañas varias veces al día.
En la costa occidental las sorpresas se suceden tanto por los paisajes naturales marinos como por sus pueblos y edificios históricos. Desde Ajaccio a Calvi se atraviesan las Calanques. Y en Calvi, ciudad turística por excelencia, una sorpresita para los españoles: La omnipresente presencia de Cristhofer Columbus ( nuestro Cristobal Colón ) que reclaman como nativo de la villa y hasta lo intentan demostrar con documentos en su museo propio. Al fin y al cabo por aquellos tiempos Córcega fue territorio genovés, y los corsos genoveses.
El sur corso es también otra maravilla siendo Sartene y Bonifacio visitas obligadas. En esta última ciudad se hace notar la presencia de la Corona de Aragón a la que dedican incluso un curioso monumento , las cien escaleras que discurren desde la fortaleza hasta la playa.
Por cierto, la tête noir, su bandera, es una herencia de la corona de Aragón que disponía de tantas cabezas de moros como reinos se iban conquistando. Los corsos subieron la bandana al moro y le quitaron las cadenas como símbolo de liberación, convirtiéndolo en su bandera durante los pocos años de independencia desde 1768. Hoy es omnipresente en la isla.
Abandonamos Córcega con pena, pero con la firme intención de repetir la experiencia. |